miércoles, marzo 16, 2005

SIDEWAYS: tragicomedia en barrica de roble

Lejos del garrafón que dispensan en los cines habitualmente, con "Sideways" dan barra libre de buen 35 mm. por el mismo precio. Eso sí: sin prisas, con tranquilidad, déjese llevar. Estas consignas, básicas para paladear un buen vino, son igualmente válidas para disfrutar de esta película.

Comienza con un ritmo narrativo cansino, pero mejora entre copa y copa de la mano de Paul Giamatti, una especie de anti-héroe al más puro estilo Woody Allen, no sólo por los fracasos de sus personajes, sino por las neuras que comparten, circundantes al ininteligible y adictivo mundo de las mujeres. Destacan también las interpretaciones de Thomas Haden Church y Virginia Madsen, todo un logro de dirección de Alexander Payne, pues consigue llegar al espectador con actores relegados a la TV desde hace tiempo.

Si lo anteriormente descrito le parece sugerente, acudirá sin duda a ver esta película. Si piensa degustarla sin palomitas ni guarnición adicional, es usted un cinéfilo de los de antes, pues va al cine para… ver cine. Si, no contento con esto, es uno de esos que presta atención a la banda sonora y procura no sentarse cerca de algún regurgitador de maíz, le felicito: usted es un freak con denominación de origen. Ahora que reúne todos los requisitos para sentirse incómodo en cualquier sala, quizá consiga disfrutar con la música de Rolfe Kent, cuyo peculiar estilo jazzístico constituye otro agradable nexo de unión con el universo Allen.

¡Alto ahí! No vaya todavía a ver “Sideways” sin terminar de leer este post ¿Es usted de los que mezclan un Gran Reserva con Coca-Cola? ¿Aún tiene ganas de añadir palomitas a esta tragicomedia en barrica de roble? En caso afirmativo tenga cuidado porque algún seguidor freak de Rolfe puede dedicarle una mirada a lo Harry Callahan.